Señor, enséñanos a orar

El domingo 5 de febrero, en la parroquia de Santa Terea y S. José, de Madrid, el P. Miguel Márquez, carmelita descalzo, dirigió un taller sobre oración. Continuará los domingos 11 de marzo, 15 de abril y 6 de mayo, a las 17 h.

Te invitamos a escucharlo (el audio dura una hora y cuarto, aproximadamente) y dejarte interpelar. Algunos de sus enfoques:

- ¿Quién inicia la Oración… nosotros o Dios?

- El primer paso de la Oración es reconciliarse, acoger nuestra realidad, acoger las realidades que rodean nuestra vida… Acoge lo que está sucediendo dentro de ti. Escucha tu desorden…. “El silencio no comienza si no escuchas tus ruidos”.

- La Oración comienza sabiendo que Él es el protagonista, que entrando humildemente y sincerándonos, acogiendo lo que está dentro de nosotros; da igual cómo lleguemos, pues su pregunta, como a Pedro, será: “¿Me Amas?” No me importa lo que hayas hecho antes: “¿Me Amas?” Sé cómo eres, así te has presentado, humildemente, sinceramente: “¿Me Amas?” Señor, Te Amo, con mi pequeñez, con mis miserias y riquezas, con lo que soy, con lo que sabes que soy: Te Amo… Hay oración.

Audio del taller “Señor, enséñanos a orar”

 

Escrito en Sin categoría | Dejar un comentario

Oración del alma enamorada (S. Juan de la Cruz)

Con la Oración  del alma enamorada Juan de la Cruz nos invita a orar a un Dios que nos busca antes que nosotros a   Él, que nos acoge con su misericordia que es perdón y sanación de nuestras heridas. Que con la fuerza de su Espíritu nos hace capaces de actuar en nombre del Evangelio y de perseverar en las dificultades. Él acoge nuestra pequeñez para regalársenos por entero, a través de su Hijo

¡Señor Dios, amado mío!

Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos, Dios mío, tu voluntad, que es lo que yo más quiero, y ejercita tu bondad y misericordia y serás conocido en ellos.

Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieres aceptar, y hágase.

Y si a las obras mías no esperas, ¿qué esperas, clementísimo Señor mío? ¿por qué te tardas?

Porque si, en fin, ha de ser gracia y misericordia la que en tu Hijo te pido, toma mi pequeña ofrenda, pues la quieres, y dame este bien, pues que tú también le quieres.

¿Quién se podrá librar de los modos y términos bajos si no le levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío? ¿Cómo se levantará a ti el hombre engendrado y criado en bajezas, si no le levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste?

No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero; por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero.

¿Con qué dilaciones esperas, pues desde ahora puedes amar a Dios en tu corazón?

Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos, y míos los pecadores; los ángeles son mío, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías, y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues, ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en migajas que se caen  de la mesa de tu Padre.

Sal fuera y gloríate en tu gloria; escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón.

(www.goteresiana.com)

Escrito en Sin categoría | Dejar un comentario

Una palabra sobre oración

Escrito en Sin categoría | Dejar un comentario

No os pido más que le miréis…

Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compañía. )Pues, )qué mejor que la del mismo Maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando; y creedme, mientras pudiereis, no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle junto a vos, y él ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis echar de vos; nunca os faltará; os ha de ayudar ha en todos vuestros trabajos; lo tendréis en todas partes. )Pensáis que es poco un tal amigo al lado?

 

(Oh hermanas, las que no podéis tener mucho discurso del entendimiento, ni podéis mantener la atención sin distraeos!, (acostumbraos, acostumbraos!; mirad que sé yo que podéis hacer esto, porque pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar el pensamiento en una cosa. Mas sé que no nos deja el Señor tan desiertos, que, si llegamos a pedírselo con humildad, no nos acompañe. No nos duela el tiempo en cosa que tan bien se gasta. Digo que esto, que puede acostumbrarse a ello, y trabajar andar cabe este verdadero Maestro.

 

No os pido ahora que penséis en él, ni que saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis. Pues, )quién os quita volver los ojos del alma (aunque sea un instante, si no podéis más) a este Señor? Mirad que no está aguardando otra cosa, como dice a la esposa (Cant 2, 14), sino que le miremos. Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no quedará por él.

 

 

Si estáis alegre, miradle resucitado; que sólo imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. Mas, (con qué claridad, y con qué hermosura, con qué majestad, qué victorioso, qué alegre! Como quien tan bien salió de la batalla adonde ha ganado un tan gran reino, que todo le quiere para vos, y a sí con él. Pues,  )es mucho que a quien tanto os da volváis una vez los ojos a mirarle?

 

Si estáis con trabajos o triste, miradle camino del huerto; (qué aflicción tan grande llevaba en su alma!; pues con ser el mismo sufrimiento la dice y se queja de ella. O miradle atado a la columna, lleno de dolores, todas sus carnes hechas pedazos por lo mucho que os ama: tanto padecer, perseguido de unos, escupido de otros, negado de sus amigos, desamparado de ellos, sin nadie que vuelva por él, helado de frío, puesto en tanta soledad, que el uno con el otro os podéis consolar. O miradle cargado con la cruz, que aun no le dejaban ni respirar.  Os mirará él con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores por consolar los vuestros, sólo porque os vais vos con él a consolar y volváis la cabeza a mirarle.

(…) Y vuelvo a certificaros que, si con cuidado os acostumbráis a lo que he dicho, que sacaréis tan gran ganancia que, aunque yo os la quisiera decir, no sabré. Pues acercaos a este buen Maestro, muy decididas a aprender lo que os enseña, y su Majestad hará que no dejéis de salir buenas discípulas, ni os dejará si no le dejáis. Mirad las palabras que dice aquella boca divina, que en la primera entenderéis luego el amor que os tiene, que no es pequeño bien y regalo del discípulo ver que su maestro le ama.

 

Teresa de Jesús, Camino de Perfección, cap. 26

Escrito en Sin categoría | Dejar un comentario